Raspaba las paredes candentes del infierno
cada ocasión que el año le brindaba.
Las algas calcinadas y la arenilla roja
las pasaba al bolsillo de forro descosido
de los momentos malos.
Eran allí remedio, ahuyentador,
aviso y compañía.
Correspondencias (2001).
Luis Muñoz (Granada, 1966).
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