El tranvía
Ro-ro-ro-ro-ro...
Muerden los frenos
ro-ro-ro-ro-ro
las ruedas del tranvía
que rueda cuesta abajo.
Hay una curva
y el carruaje rechina,
iiiiiiii;
hasta que, luego,
vuelve a coger su línea recta y corre
Úúúúú
tan, tan, tan, tan,
veloz en la mañana.
El revisor anuncia la parada:
tin.
El conductor suspende
el fluido,
raaás, raaás.
El tranvía
–un momento de freno–
rooós, rooós,
de pronto se detiene:
¡taf!
Y se queda
Clavado como un cíclope
en la calle, por donde ya otros coches
Cruzan
contentos saludando al día,
y al sol que alumbra la triunfal mañana,
con su continuo rechinar de muelles
y su alegre cantar:
tan, tan, tan, tan,
taaan...
Llega al final, al fin, y cambia el trole:
¡chats!
Publicado en Grecia nº 13, 1919.
Xavier Bóveda, (Gomesende, Orense, 1898 - Madrid, 1963).
Muerden los frenos
ro-ro-ro-ro-ro
las ruedas del tranvía
que rueda cuesta abajo.
Hay una curva
y el carruaje rechina,
iiiiiiii;
hasta que, luego,
vuelve a coger su línea recta y corre
Úúúúú
tan, tan, tan, tan,
veloz en la mañana.
El revisor anuncia la parada:
tin.
El conductor suspende
el fluido,
raaás, raaás.
El tranvía
–un momento de freno–
rooós, rooós,
de pronto se detiene:
¡taf!
Y se queda
Clavado como un cíclope
en la calle, por donde ya otros coches
Cruzan
contentos saludando al día,
y al sol que alumbra la triunfal mañana,
con su continuo rechinar de muelles
y su alegre cantar:
tan, tan, tan, tan,
taaan...
Llega al final, al fin, y cambia el trole:
¡chats!
Publicado en Grecia nº 13, 1919.
Xavier Bóveda, (Gomesende, Orense, 1898 - Madrid, 1963).

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