Epigrama

Me gustó imaginar, como a todos los hombres,
que la chica que amaba se acostaba con otros,
que se lo hacía incluso con gente de su sexo,
para darle más morbo y más psicología.
Me divirtió sufrir con esos disparates,
pensar que aquellas curvas que tanto me excitaban
habían sido de tirios y serían de troyanos.
Pero traspasé el límite. Lo tomé tan en serio
que tuve que vengar mi honor nunca ofendido
en el plano real, que es el que menos cuenta.
Sí. La maté en el mismo lecho en que imaginaba,
que me había engañado tan deliciosamente,
y luego me maté, por si cupieran dudas
de mi amor, silenciando críticas venideras.
Caminante que pasas al lado de esta tumba,
que estas palabras guíen tus pasos en la vida:
por más que te divierta imaginarla en brazos
de alguien que no seas tú, no pierdas el sentido;
mátala sólo a ella, trocea su cadáver
y búscate otra chica para seguir soñando.
El hacha y la rosa (1993).
Lusi Alberto de Cuenca (Madrid, 1950).
Hay que ver que poema más extraño y macabro... Pero lo que más me sorprende es que me ha gustado. El poema se lee bien y no hay metáforas que lo hagan complicado. Eso sí, luego nos dicen que las mujeres somos complicadas...
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